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Pablo Urizal
12 abr 2020
In PANDEMIA
“Ahora, en el recogimiento impuesto, algunos oyen el reverbero de su vacío interior. En cambio, aquellos que fueron desierto en mitad del oasis, recorren el mundo entero a través de sí.” Rafael Lechowski Las calles supuran un vaho melancólico, son espejos de nuestra propia soledad. La naturaleza arma preciosas barricadas a los pies de mi ventana y pelean dos palomas por el último trozo de pan. Sé que algo falta… …pero no consigo poner nombre a este apacible vacío. Sobre mi cama un reloj reza las horas que necesitaba descansar. Yo, me dejo envolver en espirales colectivas, ignoro el punto y su causa, entiendo el regresar como una huida. Las calles entonan su mustio canto y se abrazan los bancos y los balcones se convierten en juzgados y las farolas se transforman a su antojo. Sé que hago falta… …pero no sé dónde. En lo profundo de mis ojos se acurruca un atisbo de esperanza y cada mañana, lo riego con gotas de memoria. Todos luchan contra el tiempo pero el tiempo se les viene encima, como una ola de dimensiones desmedidas, como una melodía olvidada que sólo los niños recuerdan. Me alimento del oxígeno que la rutina me reservó y pinto ventanas en cuerpos extraordinarios. Lo sé, nunca pude vivir acorde al calendario; hago mío el receso y echo a volar poemas desde mi balcón. Pablo Urizal a 31.3.2020
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Pablo Urizal
05 jun 2019
In GUITARRA
En mi habitación, justo a los pies de mi cama hay una silla de madera vacía con varios nombres tallados como esquelas. En mi habitación hay colillas de futuros que nunca llegaron a suceder, cartas que escribí pidiendo perdón, cartas que el correo me devolvió minutos antes incluso de sellar el sobre. A los pies de mi cama hay un monstruo que se alimenta de mis pesadillas, un mantra yoruba recurrente y una silla, una silla vacía, aparentemente. Trato de no clavarme las astillas pero cada vez son más inútiles mis intentos de camuflarla escondiéndola bajo montones de ropa sucia. Así que vuelvo a salir de casa con tiritas recubriendo mis manos. Vuelvo a acariciar el pomo como si la puerta en mi ausencia me fuera a abandonar, Vuelvo a revisar que no falte una sola de las fotografías de mi cartera. A los pies de mi cama hay una guitarra que no se deja afinar, una pared llena de cuadros que esconde una pared llena de grietas, una paso adelante que encierra en lo profundo un bache por escayolar. Esa silla es un espejo, Un espejo que os refleja a todos menos a mí, que colecciona opiniones de gente que en su día nunca se atrevió a tener, que repite telodijes, que apuñala con palabras dignas de ser talladas en piedra, que no entienden que cuando el espectador es ciego, es prácticamente imposible ver el hilo invisible del que disimuladamente tira el ilusionista. Esa silla es una lapida que se merece colgar de mi pecho como una medalla, un galón otorgado a años de estupidez, un adiós que debí haber dicho hace mucho tiempo, un rencor que no he tenido el valor, a día de hoy, de cicatrizar. Esa silla es una carcajada... https://www.youtube.com/watch?v=rC6HOvuS1oM
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Pablo Urizal
28 may 2019
In PUERTAS
En mi habitación, justo a los pies de mi cama hay una silla de madera vacía con varios nombres tallados como esquelas. En mi habitación hay colillas de futuros que nunca llegaron a suceder, cartas que escribí pidiendo perdón, cartas que el correo me devolvió minutos antes incluso de sellar el sobre. A los pies de mi cama hay un monstruo que se alimenta de mis pesadillas, un mantra yoruba recurrente y una silla, una silla vacía, aparentemente. Trato de no clavarme las astillas pero cada vez son más inútiles mis intentos de camuflarla escondiéndola bajo montones de ropa sucia. Así que vuelvo a salir de casa con tiritas recubriendo mis manos. Vuelvo a acariciar el pomo como si la puerta en mi ausencia me fuera a abandonar, Vuelvo a revisar que no falte una sola de las fotografías de mi cartera. A los pies de mi cama hay una guitarra que no se deja afinar, una pared llena de cuadros que esconde una pared llena de grietas, una paso adelante que encierra en lo profundo un bache por escayolar. Esa silla es un espejo, Un espejo que os refleja a todos menos a mí, que colecciona opiniones de gente que en su día nunca se atrevió a tener, que repite telodijes, que apuñala con palabras dignas de ser talladas en piedra, que no entienden que cuando el espectador es ciego, es prácticamente imposible ver el hilo invisible del que disimuladamente tira el ilusionista. Esa silla es una lapida que se merece colgar de mi pecho como una medalla, un galón otorgado a años de estupidez, un adiós que debí haber dicho hace mucho tiempo, un rencor que no he tenido el valor, a día de hoy, de cicatrizar.
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Pablo Urizal

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